El consumo de queso podría disminuir el riesgo de demencia

ADN
Diversos estudios sugieren que el consumo de queso podría estar asociado con una disminución en el riesgo de desarrollar demencia, aunque los expertos advierten que esta relación debe interpretarse con cautela debido a posibles factores de confusión.
Tl;dr
- El queso entero podría reducir el riesgo de demencia.
- No se observó efecto en personas con predisposición genética.
- El equilibrio alimentario sigue siendo clave.
Nuevas evidencias sobre el queso y la prevención de la demencia
Hasta hace poco, las recomendaciones oficiales en materia de salud pública aconsejaban limitar los productos lácteos enteros para proteger el corazón, bajo la premisa de que los factores cardiovasculares y la demencia comparten riesgos. Sin embargo, un estudio sueco de gran envergadura podría cambiar la perspectiva: durante un seguimiento de 25 años a más de 27 000 adultos, aquellos que incluían a diario más de 50 gramos de queso entero y más de 20 gramos de nata mostraron menos probabilidades de desarrollar deterioro cognitivo.
Resultados matizados y el peso de los antecedentes genéticos
No obstante, conviene evitar conclusiones precipitadas. El aparente beneficio del consumo regular de estos lácteos ricos en grasa –que llegaría hasta un 24 % menos de riesgo– se detectó exclusivamente en personas sin predisposición genética a padecer Alzheimer. Aquellos con el gen asociado al riesgo no obtuvieron protección alguna. Además, los datos son dispares a nivel internacional: investigaciones japonesas sugieren cierta ventaja ligada al queso, aunque se trataba de cantidades muy reducidas y parte de los estudios contaban con financiación del sector quesero. A modo ilustrativo, una investigación realizada en Finlandia recogió una caída del 28 % en el riesgo entre varones consumidores habituales durante dos décadas.
Barreras metodológicas y factores sociales
La interpretación científica exige cautela por varias razones. Muchas encuestas nutricionales se basan en testimonios espontáneos que podrían estar distorsionados por el propio declive cognitivo o la memoria imperfecta. Para minimizar este sesgo, el equipo sueco descartó a quienes ya presentaban síntomas al inicio e incluso volvió a analizar los datos excluyendo casos tempranos. Hay otro detalle revelador: quienes comían habitualmente queso o nata entera tendían a tener mayor nivel educativo, menor obesidad y menos afecciones vinculadas a la demencia –como enfermedades cardiovasculares, hipertensión o diabetes–. En definitiva, su estilo de vida ya era favorable para el cerebro.
Una llamada a la prudencia alimentaria
Varios elementos explican esta recomendación:
- No existe evidencia concluyente para aumentar expresamente el consumo de queso entero.
- Nutrientes como las vitaminas A, D, K2 o B12 pueden ser beneficiosos pero no garantizan protección mágica frente al envejecimiento cerebral.
- La clave parece residir en una alimentación variada donde el queso ocupe un lugar moderado junto a verduras, pescado y frutas.
Así pues, confiar únicamente en un alimento concreto para frenar la demencia sería demasiado simplista. Son nuestros patrones dietéticos globales –ya sigamos una dieta mediterránea u otra equilibrada– los que marcan realmente la diferencia.