Infarto en mujeres: síntomas y señales que suelen ignorarse

ADN
Una cardióloga analiza las razones por las cuales los infartos y otros problemas cardíacos en mujeres suelen no ser detectados a tiempo, destacando la importancia de reconocer síntomas poco convencionales y la necesidad de una mayor conciencia sobre la salud femenina.
Tl;dr
- Los síntomas cardíacos femeninos suelen ser discretos y atípicos.
- La prevención y el autocuidado resultan fundamentales desde los 35 años.
- Reconocer señales sutiles puede salvar vidas de mujeres.
Los signos silenciosos del corazón femenino
En el imaginario colectivo, un infarto se identifica por ese dolor opresivo en el pecho que tantas veces muestran las películas. Sin embargo, la experiencia real de muchas mujeres dista mucho de esa imagen. Según el especialista en cardiología Ravindranath Reddy, las señales de alarma suelen ser mucho más sutiles: «A menudo, en lugar del dolor torácico intenso que se espera, aparecen una fatiga inusual, dificultad para respirar o molestias digestivas difíciles de asociar con el corazón», afirma.
Síntomas inadvertidos y riesgos añadidos
Esta discreción sintomática resulta peligrosa, especialmente porque muchas mujeres, absorbidas por sus responsabilidades diarias, tienden a relegar su propio bienestar a un segundo plano. Así, síntomas como cansancio persistente, dificultad respiratoria incluso en reposo o pequeñas molestias en la espalda y la mandíbula suelen atribuirse erróneamente al estrés o al envejecimiento.
Varios elementos explican esta tendencia a pasar desapercibido:
- Enfermedad microvascular, más frecuente en mujeres, afecta los pequeños vasos cardíacos.
- Protección estrogénica premenopáusica; tras la menopausia, el riesgo se incrementa.
- Falta histórica de vigilancia médica sobre patologías cardíacas femeninas.
Reconocer y actuar ante señales inusuales
La recomendación general es aprender a escuchar los mensajes del cuerpo. Fatiga prolongada sin causa clara, falta de aire durante pequeños esfuerzos, molestias difusas en la parte alta del cuerpo —como mandíbula o cuello— e incluso problemas digestivos sin explicación deben ser motivos de alerta. Cualquier cambio inusual debe consultarse con detalle al médico y no minimizarse. La precisión al describir nuevas sensaciones puede marcar la diferencia.
Prevención: el mejor escudo
Desde los 35 años —o antes si existen antecedentes familiares— conviene realizar controles periódicos de tensión arterial, glucosa y colesterol para evitar lo que algunos denominan «infarto silencioso». Pruebas complementarias como electrocardiogramas o ecocardiografías resultan útiles en personas con factores de riesgo. Asimismo, mantener hábitos saludables —alimentación rica en vegetales frescos, ejercicio diario moderado y gestión del estrés— ayuda a fortalecer la salud cardiovascular.
No subestimar estas señales ni anteponer siempre las obligaciones ajenas puede resultar clave para salvar vidas femeninas frente a una amenaza tan silenciosa como letal.