Alarma por el rápido aumento de la resistencia a los antibióticos

ADN
Expertos advierten sobre el preocupante aumento de la resistencia bacteriana a los antibióticos, un fenómeno que implica riesgos crecientes para la salud pública y dificulta el control de infecciones provocadas por microorganismos presentes desde tiempos remotos.
Tl;dr
- Resistencia a antibióticos amenaza el control de la fiebre tifoidea.
- Solo queda una opción oral eficaz: azitromicina.
- Vacunación y vigilancia, claves para frenar su avance.
Una enfermedad olvidada que regresa con fuerza
Durante décadas, la fiebre tifoidea fue considerada una reliquia del pasado en muchos países desarrollados. Sin embargo, esta infección causada por la bacteria Salmonella enterica serovar Typhi (S Typhi) sigue mostrando un potencial de peligro que no conviene subestimar. Aunque los antibióticos permitieron controlar inicialmente la enfermedad, el panorama ha cambiado de manera preocupante en los últimos años.
El auge de las bacterias resistentes
El principal desafío en la actualidad es la creciente aparición de cepas extensivamente resistentes a los fármacos — conocidas como XDR. Un estudio internacional publicado en 2022 analizó casi 3.500 muestras recogidas entre 2014 y 2019 en países como Nepal, Bangladés, Pakistán e India, detectando un alarmante aumento de estas variantes. Los XDR no solo resisten tratamientos tradicionales —como ampicilina o trimetoprima/sulfametoxazol—, sino también moléculas más recientes como fluoroquinolonas y cefalosporinas de tercera generación.
Esta resistencia se ha globalizado rápidamente. Desde los años noventa se han registrado casi dos centenares de casos exportados fuera del sur de Asia, afectando a regiones tan distantes como África, el Reino Unido, Estados Unidos o Canadá.
Pocas opciones terapéuticas y mortalidad elevada
Hoy por hoy, solo permanece eficaz una alternativa oral: el macrólido azitromicina. Sin embargo, los primeros indicios de resistencia a este medicamento ya comienzan a preocupar a los expertos. De quedarse sin opciones terapéuticas eficaces, las consecuencias serían dramáticas: la mortalidad puede alcanzar hasta un 20 % si no se administra tratamiento adecuado y más de 13 millones de personas se ven afectadas cada año.
Varios elementos explican esta urgencia:
- Vacunación extensa: los nuevos conjugados permiten frenar brotes y ya se recomiendan desde la infancia en zonas endémicas.
- Detección precoz: reforzar la vigilancia internacional resulta fundamental para anticipar crisis.
- Búsqueda de nuevos tratamientos: impulsar la investigación frente a bacterias cada vez más resistentes.
Llamamiento global ante un riesgo sin fronteras
El sur de Asia sigue encabezando las cifras mundiales —acumula cerca del 70 % de los casos— y algunos países ya han dado pasos clave: el ejemplo del Pakistán, que ha extendido la vacunación infantil contra la fiebre tifoidea, marca el camino. En abril de 2025, según datos del CDC estadounidense, la OMS había homologado cuatro vacunas y recomienda su despliegue urgente en todos los países afectados.
La experiencia reciente con otras pandemias recuerda hasta qué punto una rápida expansión bacteriana puede tener consecuencias globales si no se actúa con determinación y coordinación internacional. La lucha contra la antibiorresistencia, más allá de retóricas, no admite demoras ni fronteras.