Millones no saben que han perdido el sentido del olfato

ADN
La perte de l’odorat touche un nombre important de personnes dans le monde, souvent sans qu’elles s’en rendent compte. Cette méconnaissance complique le diagnostic et l’accès à des traitements adaptés, malgré les conséquences sur la qualité de vie.
Tl;dr
- Pérdida de olfato tras COVID-19 es más común de lo pensado.
- Muchos afectados no detectan la alteración olfativa.
- Se recomienda seguimiento y pruebas sistemáticas del olfato.
Impacto duradero del COVID-19 en el sentido del olfato
Aunque los síntomas del COVID-19 han sido ampliamente comentados, un aspecto menos visible persiste: la anosmia, o pérdida parcial o total del olfato. Si bien se sabe que las infecciones virales pueden dañar las células responsables de este sentido, lo habitual es recuperar la capacidad olfativa con el tiempo; sin embargo, en un número considerable de casos, el trastorno persiste mucho más allá de la infección inicial.
Un estudio que desafía percepciones previas
La cuestión ha sido abordada recientemente por un grupo de investigadores estadounidenses, quienes realizaron un seguimiento a largo plazo sobre el efecto del SARS-CoV-2 en el olfato. Examinaron a casi 3.000 personas que habían pasado por la infección y compararon sus resultados con los de un grupo control de 569 individuos que nunca contrajeron la enfermedad. Lo sorprendente fue que, cerca de dos años después del diagnóstico, muchas alteraciones pasaban desapercibidas para los propios afectados.
El análisis demostró que el 80 % de quienes notaban dificultades olfativas presentaban déficits reales, pero el dato más inquietante surgió al evaluar a quienes aseguraban no tener problemas: dos tercios mostraban igualmente una alteración medible. Además, incluso entre quienes no tenían constancia previa de haber padecido COVID-19, el 60 % manifestaba algún grado de debilidad olfativa, lo que podría revelar infecciones inadvertidas.
El sentido del olfato: salud y alerta cotidiana
Más allá de la incomodidad en la mesa, la pérdida de olfato implica riesgos concretos para la seguridad, al dificultar la detección de fugas de gas o alimentos en mal estado. Los especialistas destacan también su vínculo con enfermedades neurológicas como Alzheimer, recordando que cualquier deterioro sensorial merece atención médica. La investigación sugiere varias acciones urgentes:
- Diversificar el diagnóstico sistemático de problemas olfativos tras el COVID-19.
- Fomentar estrategias para recuperar este sentido esencial.
- Concienciar sobre las consecuencias físicas y psicológicas de la anosmia no detectada.
Hacia un control post-COVID más riguroso
En palabras de la doctora Leora Horwitz, de la New York University Grossman School of Medicine, un olfato debilitado puede afectar gravemente tanto el bienestar físico como el emocional. Por ello, incluir pruebas específicas de olfato en el seguimiento médico posterior al COVID-19 podría ser clave para minimizar secuelas invisibles pero significativas.