El Diablo Viste de Prada 2: Crítica y Opiniones de la Secuela

20th Century Studios / PR-ADN
La esperada secuela de la icónica comedia sobre el despiadado mundo de la moda ha llegado a las pantallas, pero esta segunda entrega no logra igualar el ingenio ni la frescura que conquistaron al público en su primera parte.
Tl;dr
- Secuela decepciona por su falta de innovación real.
- No profundiza en críticas sociales ni laborales actuales.
- Resolución forzada y personajes poco convincentes.
Un regreso esperado que no logra brillar
Dos décadas después, la mítica comedia «Le Diable s’habille en Prada» regresa a la gran pantalla bajo la batuta de su director original, David Frankel, y con un reparto encabezado por Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci. El anuncio de esta secuela despertó una oleada de nostalgia y altas expectativas entre quienes todavía recuerdan los afilados diálogos y la interpretación imponente de Streep como Miranda Priestly. Sin embargo, la película pronto revela sus limitaciones, dejando un sabor agridulce.
Narrativa reciclada y falta de riesgo creativo
El filme se inserta en la tendencia reciente de «legacy sequels», donde sagas consagradas intentan revivir glorias pasadas sin ofrecer giros novedosos. Ejemplos recientes como «Jurassic World» o el último «Indiana Jones» ya anticipaban cierto desgaste del formato; ahora, «Le Diable s’habille en Prada 2» parece repetir el mismo error: toma prestadas fórmulas del original y rehúye innovaciones.
Varios elementos explican esta decisión:
- Evolución superficial de los personajes: Miranda Priestly fluctúa sin coherencia, su complejidad apenas esbozada.
- Cierre poco convincente: La trama se resuelve abruptamente gracias a un salvador financiero, Sasha Barnes (Lucy Liu), anulando cualquier conflicto previo.
- Aportes temáticos desaprovechados: Ni las transformaciones del periodismo ni la crítica al capitalismo reciben verdadera profundidad.
Aspiraciones sociales diluidas entre tópicos
Aunque se insinúan temas candentes –como la precariedad laboral o la transformación digital en el sector mediático– estos apenas son rozados. El guion introduce figuras que podrían haber actualizado el debate, como Benji Barnes (inspirado en figuras como Elon Musk o Jeff Bezos), pero finalmente elude cualquier posicionamiento real. Se percibe así una oportunidad perdida para cuestionar desde dentro la industria de la moda o explorar los dilemas actuales del periodismo.
Un género que exige reinventarse
Existen secuelas que han sabido actualizarse y aportar algo genuino –ahí están «Mad Max: Fury Road» o «Blade Runner 2049». Pero aquí el resultado es más bien plano: ni el desarrollo argumental ni el trasfondo social logran justificar este regreso. Quizás baste con la nostalgia para llenar salas unas semanas, pero queda claro que este tipo de producciones necesita mucho más para seguir vigente en el tiempo.