Cómo los psicodélicos inducen un estado onírico en el cerebro

ADN
Un grupo de científicos ha logrado identificar cómo los psicodélicos inducen en el cerebro una actividad similar a la que se experimenta durante los sueños, proporcionando nuevas pistas sobre los efectos neuronales de estas sustancias y su potencial terapéutico.
Tl;dr
- El cerebro prioriza recuerdos bajo psicodélicos.
- Estudio en ratones revela mecanismos de alucinaciones visuales.
- Potencial para nuevos tratamientos de ansiedad y depresión.
Un cerebro que reinventa la realidad
Bajo el influjo de los psicodélicos, el cerebro puede inclinarse a dar más peso a sus propios recuerdos que a lo que perciben los ojos. Así lo ha puesto de manifiesto una investigación reciente en ratones, arrojando nueva luz sobre cómo surgen las alucinaciones visuales. Este fenómeno, lejos de ser exclusivo de la ciencia moderna, hunde sus raíces en prácticas ancestrales. Comunidades indígenas han utilizado durante milenios diversas sustancias naturales para tratar dolencias físicas o mentales; basta recordar hallazgos arqueológicos como el «bundle» ritual con DMT hallado en Bolivia o los botones de peyote con cinco mil años de antigüedad localizados en Texas. Sin embargo, la llegada del LSD, sintetizado por el suizo Albert Hofmann en los años treinta del siglo pasado, marcó un punto de inflexión científico.
Circuitos neuronales bajo la lupa experimental
Con el paso del tiempo, las investigaciones han intentado precisar cómo interactúan estos compuestos con el sistema nervioso. Ya entre los años setenta y ochenta se identificó un receptor clave: el 5-HT2A, vinculado al circuito de la serotonina y esencial en la regulación emocional. Actualmente persiste un debate: ¿es imprescindible experimentar vivencias místicas para obtener beneficios terapéuticos? Algunos expertos sugieren que el valor reside más bien en la capacidad de estos fármacos para estimular la neuroplasticidad, relegando las visiones a un papel secundario.
Mecanismos cerebrales: cuando manda la memoria
En este contexto, el equipo liderado por Dirk Jancke, junto a las tecnologías desarrolladas por Thomas Knöpfel, diseñó un experimento sofisticado: mediante técnicas capaces de hacer fluorescentes ciertas neuronas activas y registrar sus variaciones eléctricas, analizaron qué ocurre cuando se administra una sustancia similar al LSD a ratones. Los ensayos alternaban patrones visuales con pantallas neutras.
Varios elementos explican esta dinámica:
- Diminución de la respuesta ante estímulos externos.
- Aumento de conexiones con áreas dedicadas a la memoria.
- Aparición de ondas cerebrales del tipo theta.
Se observó que tras recibir el psicodélico, la actividad en el cortex visual primario se sincronizaba con regiones asociadas al recuerdo —como el cortex retrosplenial— generando una especie de «sueño parcial» donde predominan imágenes internas sobre la percepción directa.
Nuevas vías terapéuticas en perspectiva
Si bien aún hay dudas sobre hasta qué punto estos resultados pueden extrapolarse a humanos —las distracciones en ratones no pueden descartarse— lo cierto es que abren puertas esperanzadoras. Se vislumbra así un futuro donde sea posible desarrollar tratamientos capaces de potenciar la plasticidad neuronal sin inducir alucinaciones, algo particularmente relevante para quienes conviven con trastornos como la ansiedad o la depresión crónica.