Tramadol: riesgos y efectos secundarios superan sus beneficios

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Un reciente estudio pone en tela de juicio la seguridad del tramadol, un analgésico ampliamente recetado, al sugerir que sus riesgos potenciales para la salud podrían superar los beneficios que aporta en el tratamiento del dolor.
Tl;dr
- La eficacia del tramadol es muy limitada.
- Duplican los riesgos de efectos adversos graves.
- Se cuestiona su uso para dolor crónico.
Controversia en torno al tramadol
A lo largo de los últimos años, el tramadol ha sido recetado como una alternativa intermedia frente a otros opioides para tratar el dolor persistente. Sin embargo, recientes hallazgos publicados en la revista médica BMJ Journals han puesto en entredicho la utilidad y seguridad reales de este fármaco. Aunque durante mucho tiempo se le consideró más seguro que otras moléculas similares, la comunidad científica está revisando sus certezas sobre su perfil de riesgos y beneficios.
Eficacia por debajo de las expectativas
Uno de los puntos que más llaman la atención proviene del análisis coordinado por el profesor Jehad Ahmad Barakji, adscrito a la Copenhagen Trial Unit. Tras examinar con rigor 19 ensayos clínicos en los que participaron más de 6.500 adultos con diversas afecciones como artrosis, dolor neuropático, lumbar o asociado a fibromialgia, los resultados han resultado poco alentadores: el grado de alivio experimentado por los pacientes apenas alcanzó un punto (0,93) en una escala estándar de 0 a 10. Esta mínima reducción resulta casi imperceptible en el día a día y siembra dudas sobre la aportación real del medicamento frente al placebo.
Preocupaciones sobre los efectos secundarios
El verdadero motivo de alarma reside, no obstante, en los riesgos identificados. El empleo de tramadol casi duplica las probabilidades de sufrir efectos secundarios graves respecto al grupo control (odds ratio: 2,13). Entre las complicaciones observadas destacan especialmente los problemas cardíacos —dolores torácicos, patologías coronarias o insuficiencia cardíaca—. Incluso se ha sugerido una posible relación con ciertos tipos de cáncer; aunque aquí conviene cierta cautela debido a la falta de datos sólidos a largo plazo. En el uso cotidiano, molestias frecuentes como náuseas, vértigos, estreñimiento y somnolencia completan un panorama poco halagüeño.
Varios elementos explican esta creciente inquietud:
- No mejora la calidad de vida significativamente.
- No existen pruebas claras sobre su impacto en la dependencia o la depresión.
Nuevos enfoques para el dolor crónico
Considerando que los opioides están implicados en aproximadamente 600.000 muertes cada año a nivel global —más de 80.000 solo en Estados Unidos durante 2022— se impone una revisión profunda de su uso. La tendencia actual anima a priorizar tratamientos alternativos como fisioterapia, paracetamol o fármacos no opioides. Así se busca garantizar que quienes padecen dolor crónico accedan a opciones eficaces sin poner en juego su salud general.