Seis edulcorantes artificiales, asociados a un deterioro cognitivo más rápido según un estudio
Un reciente estudio ha identificado una relación entre el consumo de seis edulcorants artificiels y un avance más rápido del deterioro cognitivo, generando preocupación sobre los posibles efectos a largo plazo de estos aditivos en la salud cerebral.
Tl;dr
Un riesgo inesperado: los edulcorantes bajo la lupa
Consumir edulcorantes artificiales en lugar de azúcar parece una decisión sensata en tiempos de obsesión por las calorías. Sin embargo, recientes hallazgos científicos ponen en entredicho la seguridad de estos aditivos, especialmente entre adultos jóvenes y de mediana edad. Una extensa investigación brasileña liderada por la doctora Claudia Kimie Suemoto, adscrita a la Universidad de São Paulo, ha provocado inquietud al relacionar el uso habitual de ciertos edulcorantes bajos o sin calorías con un declive acelerado de las capacidades cognitivas.
Una advertencia desde Brasil: resultados preocupantes
A lo largo de ocho años, cerca de 12.800 adultos —edad media: 52 años— formaron parte del estudio, reportando con detalle sus hábitos alimentarios y el consumo específico de siete tipos diferentes de edulcorantes, como el aspartamo, la sacarina o el xilitol. Los niveles de exposición se clasificaron en bajo (20 mg/día), moderado (66 mg/día) y alto (191 mg/día). Según los resultados obtenidos tras diversos tests cognitivos, quienes consumían cantidades moderadas experimentaban un descenso significativo —de hasta un 110%— en funciones verbales y de memoria comparado con consumidores ocasionales. El deterioro se agravaba aún más entre quienes ingerían dosis elevadas.
Varios elementos explican esta decisión:
Mecanismos biológicos e implicaciones sanitarias
Sobre el origen del fenómeno, expertos como Rebecca Solch-Ottaiano, desde la Universidad Tulane, sugieren que los edulcorantes podrían alterar el equilibrio del microbiota intestinal y desencadenar inflamación crónica. En ese contexto inflamatorio, se activan células inmunitarias del cerebro (microglía), consideradas potencialmente responsables del desarrollo precoz de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Párkinson. Aquellos diagnosticados con diabetes —más propensos a consumir edulcorantes— serían especialmente vulnerables.
Límites y recomendaciones: ¿qué hacer ante la duda?
Aunque los autores subrayan que solo existe una correlación estadística —y no evidencia causal concluyente— aconsejan limitar estos productos. El retorno al azúcar tampoco representa una opción segura; su consumo también se asocia a riesgos neurológicos. Para especialistas como el neurólogo estadounidense David Perlmutter, tal vez convenga «d’habituer son palais à moins de saveurs sucrées et privilégier des aliments riches en fibres pour soutenir le microbiote et la santé cérébrale». La sugerencia pasa así por reducir progresivamente los sabores dulces y apostar por fuentes naturales —como la stévia o la tagatosa— para preservar tanto el placer gastronómico como el bienestar cerebral.