Casi la mitad de quienes toman fármacos para adelgazar los dejan antes del primer año
Casi la mitad de quienes inician tratamientos farmacológicos para perder peso dejan de utilizarlos antes de cumplir un año, revelan recientes estudios, lo que pone en duda la adherencia a este tipo de medicamentos y su eficacia a largo plazo.
Tl;dr
Desilusión creciente ante el semaglutida en Dinamarca
El entusiasmo inicial por el semaglutida, un medicamento innovador empleado en la lucha contra la obesidad, ha comenzado a desvanecerse en Dinamarca. Aunque su llegada fue recibida con optimismo, impulsada por la amplia cobertura mediática y las alabanzas de diversas celebridades, una reciente investigación presentada durante el último congreso de la European Association for the Study of Diabetes (EASD), celebrado en Viena, arroja nuevas dudas sobre su impacto real.
Causas del abandono prematuro
El análisis se basa en los datos de más de 77.000 adultos daneses sin diagnóstico de diabetes, quienes comenzaron el tratamiento con este agonista del receptor GLP-1 (GLP-1RA) buscando perder peso. Lo sorprendente es que cerca de la mitad optó por dejarlo antes de cumplir un año. La tendencia al abandono es rápida: a los tres meses ya lo había hecho un 18%, aumentando hasta el 31% a los seis meses y alcanzando el 42% nueve meses después.
Varios elementos explican esta decisión:
Inequidades y retos para la adherencia
Además, no todos los grupos poblacionales reaccionan igual al tratamiento. Por ejemplo, los hombres muestran una tasa de abandono algo superior cuando perciben falta de resultados visibles —un fenómeno que afecta a cerca del 12%—. El estudio también detecta disparidades asociadas al estatus socioeconómico y una mayor vulnerabilidad entre quienes presentan trastornos psiquiátricos o problemas cardiovasculares.
Implicaciones para el futuro del tratamiento
Como advierte el profesor Reimar W. Thomsen, investigador principal desde el Aarhus University Hospital, «estos medicamentos no están pensados como solución temporal; si se interrumpe su uso, los beneficios sobre apetito y saciedad desaparecen». Esto plantea un serio reto para las estrategias públicas frente a la obesidad: la eficacia está condicionada por una adherencia continuada.
En definitiva, comprender quiénes pueden mantener el tratamiento a largo plazo resulta esencial para aprovechar realmente los avances farmacéuticos y mejorar la calidad de vida frente al exceso de peso que afecta hoy a más de la mitad de los adultos europeos.