Banquete exclusivo en Windsor: cognac de 1912 y pollo de corral para homenajear a Trump
En el majestuoso entorno de Windsor, una cena extraordinaria reunió a los invitados en honor a Donald Trump, destacando un cognac de 1912 y pollo de granja como protagonistas de un menú cuidadosamente seleccionado para la ocasión.
Tl;dr
Recepción de alto nivel en Windsor
Bajo las históricas bóvedas del castillo de Windsor, el pasado 17 de septiembre de 2025 se celebró un banquete poco común para conmemorar la visita al Reino Unido del entonces presidente estadounidense, Donald Trump. El rey Charles III fue el artífice de una velada que reunió a la élite internacional: una mesa de casi cincuenta metros acogió a unos 160 invitados seleccionados cuidadosamente, entre ellos personalidades relevantes tanto del mundo político como empresarial.
Selección exclusiva de invitados
Resulta imposible no reparar en el selecto grupo presente. Figuras como el magnate de los medios Rupert Murdoch, a pesar de sus recientes desavenencias legales con el mandatario estadounidense —situación que llevó a los organizadores a ubicarlos lejos el uno del otro—, compartieron espacio con referentes tecnológicos como el líder de Apple, Tim Cook, o el responsable máximo de OpenAI, Sam Altman. También destacaron el CEO de Nvidia, Jensen Huang, y el financiero Steve Schwarzman, figura clave en Blackstone. A nivel político, acompañaban la velada tanto el primer ministro británico, Keir Starmer, como el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio. La representación deportiva corrió a cargo de nombres como Nick Faldo o Charley Hull, un guiño evidente a la afición por el golf del inquilino estadounidense. En cambio, la presencia del ámbito cultural fue casi testimonial; tan solo acudió Tiffany Trump entre los hijos del presidente.
Sofisticación culinaria y homenaje británico-francés
El menú, reflejo del refinamiento anglosajón y francés, arrancó con panna-cotta de berros y huevos de codorniz sobre sablé parmesano; después, ballotine de pollo campero envuelto en calabacín. Como postre, sobresalió la «bombe glacée cardinal» —un helado artesanal coronado con frambuesa—. La carta se redactó íntegramente en francés, cumpliendo la tradición. Para maridar estos platos se ofrecieron bebidas tan excepcionales como un cognac añejo 1912 (en alusión a las raíces escocesas maternas de Trump), un cóctel «Transatlantic Whisky Sour» especialmente creado para la ocasión y una selección vinícola que incluía tinto californiano Monte Bello (2000), espumoso inglés Wiston Estate (2016) y champagne Pol Roger Extra Cuvée (1998). Aunque Trump declina siempre cualquier bebida alcohólica, su entorno disfrutó sobradamente.
Culminación logística y diplomática
Varios elementos explican esta decisión:
Todo ello subraya cómo este tipo de actos va más allá del simple protocolo: exhiben no solo hospitalidad sino también influencia política sutil mediante gestos fastuosos que trascienden fronteras.