Stephen King denuncia la doble moral en las películas de acción
Stephen King ha señalado recientemente la contradicción existente en la industria cinematográfica, donde el cine de acción recibe reconocimiento mientras se subestima el terror, género al que él ha dedicado gran parte de su obra y que sigue cautivando audiencias.
Tl;dr
La paradoja moral de los héroes en el cine
En el universo de los grandes éxitos cinematográficos, la figura del héroe suele estar rodeada de una ética ambigua. Si bien personajes como James Bond representan el paradigma del encanto y la justicia, lo cierto es que su historial resulta mucho más letal de lo que comúnmente se cree. A lo largo de sus 24 películas, el célebre agente británico ha acumulado aproximadamente 597 muertes directas, superando con creces a figuras clásicas del terror como Jason Voorhees, responsable de «solo» 195 asesinatos repartidos en doce largometrajes.
Doble rasero: violencia aceptada frente a horror explícito
Este contraste revela una tendencia peculiar: mientras que las acciones sangrientas de Jason Voorhees provocan rechazo y miedo, las del elegante espía son vistas casi como hazañas legítimas, celebradas por un público entregado. ¿Por qué aceptamos sin reparos la brutalidad cuando proviene de un supuesto defensor del bien? Quizá porque en las superproducciones de acción, la violencia parece adquirir una especie de justificación moral siempre que las víctimas sean los «malos». El espectador termina aplaudiendo ejecuciones sumarias si sirven a un propósito superior.
El papel del realismo y la crítica de Stephen King
Sin embargo, este fenómeno no pasa desapercibido para voces críticas. El escritor Stephen King, durante una entrevista con The Time UK, lanzó una reflexión incómoda sobre el tratamiento superficial que otorgan muchos blockbusters a escenas violentas. En sus propias palabras: «Si ves esas películas de superhéroes… los villanos destruyen barrios enteros sin que caiga ni una gota de sangre… Y eso está mal. Es casi pornográfico… Si no muestras la violencia tal como es, mejor abstente». Estas ideas resuenan especialmente en adaptaciones como la de «The Long Walk», donde la crudeza física y psicológica impregna cada escena, sin edulcorantes.
Códigos del espectáculo y su hipocresía implícita
Varios elementos explican esta decisión:
Al final, resulta difícil no detectar cierta hipocresía tras los códigos espectaculares del cine comercial. Como sugiere Stephen King, quizá convendría asumir con mayor honestidad el coste humano detrás de cada acto heroico mostrado en pantalla. Y es que esa frontera difusa entre héroe admirado y verdugo glorificado debería invitar a una reflexión más profunda entre quienes disfrutamos —y juzgamos— estas historias.